Wednesday, July 20, 2016

Un extra de Lenguaje de mi piel



Estuve pensando sobre la mejor manera de darles las gracias. Ustedes a diario me inspiran, me motivan, me llenan de razones. Después de darle un par de vueltas, decidí que lo mejor era darles ese extra que no incluí en el libro.
Joel y Tara se despiden definitivamente, dicen adiós a su manera, entregándolo todo.
Espero lo disfruten mucho…

¡Aquí vamos!
↓↓↓


—¡Por fin llegamos! —Grita Joel mientras desembarcamos del pequeño bote que nos ha traído hasta aquí.
¿Quieres saber en dónde estamos? Hemos venido a Turks and Caicos, ¿recuerdan la promesa que me hizo? Por supuesto, como todas las demás, esta también la ha cumplido.
Es nuestra luna de miel. Tardía, pues tuvimos que solucionar muchas cosas primero, pero no deja de serlo.
Voy a ponerlos al día, lo primero que nos retuvo en casa fue el rancho. Después de que Joel se recuperara de la golpiza que le dieron los sinvergüenzas esos que había contratado Adolph, hubo mucho trabajo por hacer, desde la reconstrucción de las bodegas y el granero, hasta la contratación de nuevo personal, hacer de nuevo los pedidos de abastecimiento y todas esas cosas. Por fortuna, mi esposo había contratado un seguro que cubrió todos los gastos, bueno, después de lidiar con la burocracia, porque como siempre, esas compañías intentan deshacerse de sus obligaciones de una u otra manera.
Adolph, bueno, esa es otra historia. Al principio, el muy desgraciado intentó negarlo todo, luego, su defensa alegó que no estaba en pleno uso de sus facultades mentales. Pero pronto todo eso se vino abajo, no pudo sostener la mentira ante el panel de médicos que contrató la oficina del fiscal, por lo que no tuvo más remedio que apechugar y comenzar a soltar la lengua. Me sorprendió muchísimo descubrir las hondas raíces que tenía toda esa conspiración, Joel se lo esperaba.
Adolph no estaba trabajando solo, gente de muchísimo dinero y poder, estaba coludida con él para adueñarse del rancho y de la riqueza que se escondía bajo la superficie. Los compinches de quien fuera mi padrastro, quisieron librarse de su acusación, pues supusieron que era su palabra contra la de ellos, pero no contaban con que Adolph tuviera una neurona funcionando y grabara en video muchas de sus reuniones. Y ante eso, no mucho pudieron hacer.
Adolph se encuentra pagando una larguísima condena en una prisión de máxima seguridad del estado y ahí, junto con él, sus cómplices.
—¿En qué piensas? —Me pregunta Joel mientras me abraza.
—En todo lo que hemos tenido que pasar para estar aquí —le respondo—. Ha sido mucho.
—Mi vida, deja todo eso en el pasado, a dónde pertenece, no pienses en Casandra ni en…
—A esa colorina ni me la nombres, vieja loca, me alegra que Stephen le quitara al bebé y que la tengan bien refundida en ese hospital mental.
—La verdad, para mí también es un descanso —admite, al principio sé que le costó verla tal cual era, pero bueno, lo que hizo hablaba por sí solo—. No la quiero cerca de ti.
—Y yo no la quiero cerca de ti. —Ni siquiera a dos kilómetros.
Mujer más loca en el mundo no hay, se dejó comprar por Adolph, cuando este la fue a buscar, todo por unos cuantos miles de dólares y la promesa de que mi esposo quedaría libre para estar con ella.
—No tienes porqué preocuparte por eso —dice mientras me levanta, tomándome por la cintura, haciéndome chillar—. Sabes que no tengo ojos para nadie más, que eres la única, Tara, siempre lo has sido.
Lo sé, de verdad que sí. A pesar de todos los años que estuvimos separados, el corazón de Joel siempre estuvo lleno de mí, del amor que me tiene, de lo que vivimos.
—No quiero pensar más en eso —respondo haciendo un puchero—. El pasado, pasado está, tenemos toda la vida por delante.
—Y una playa de arena blanca solo para nosotros —grita haciéndome girar otra vez.
Estamos en el paraíso, en realidad lo es. El lujoso resort en el que estamos hospedados en la isla Providenciales, ofrece, como parte de sus servicios, paseos diarios a otras playas fuera del hotel. Mi esposo no dudó ni un segundo en pedir que nos trajeran a la playa más alejada de la civilización, él me quiere desnuda y solo para él, así que como la esposa sumisa y obediente que soy —nótese aquí el tono irónico—, le voy a cumplir el capricho.
Decir que estamos en medio de la nada no es del todo cierto, detrás de nosotros, en medio de unas altísimas palmeras, se encuentra un quiosco con el techo de palma, ahí hay un par de hamacas colgando, todo lo necesario para el almuerzo, bebidas y, sobre la arena, un par de camastros en los que se me ocurre hacer varias cosas ahora mismo, puede que incluso tomar la siesta después de un rato.
—Ahora, esposa mía, a lo que vinimos —dice tirando de la tela de mi vestido hacia arriba.
—¡Que viva el romance! —Replico intentando sonar molesta, pero de eso, ni un poco. Yo también quiero.
—Todo lo que quiero es nadar —contesta sacándome el vestido por la cabeza.
—Sí, sí —respondo—.Te conozco bien, Sadger, tal vez quieras nadar más tarde, ahora lo que quieres es otra cosa.
Enredando mis dedos en los cortos mechones de su cabello oscuro, acerco su boca a la mía, justo antes de decir—: Esto es lo que quieres.
—Sí que me conoces bien —acepta en un susurro.
—Eres mi esposo… —murmuro con su boca aún pegada a la mía.
—Bésame, Tara, cállate y bésame.
Y por un buen rato, no fueron necesarias las palabras… el deseo, el amor y la pasión hablaron por nosotros.

J JJ

—Voy a nadar, ¿quieres venir? —Murmura Joel, mientras besa mi espalda.
El agua se ve divina, clara y azul, pero estoy cansada, verdaderamente agotada.
—Mejor me quedo aquí —le digo.
De unas cuantas semanas a la fecha no me he sentido del todo bien, a mi mente volvieron aquellos meses de angustia cuando pensé que… bueno, ustedes conocen la historia.
Tengo que decirle, es momento de hacerlo. No ha sido fácil ocultárselo, mis malestares no me lo han hecho sencillo, por suerte la mayoría de las mañanas él se levanta primero que yo, justo al rayar el alba.
Quería que fuera especial, un momento inolvidable, por eso he esperado. Lo he preparado todo, esta noche cenaremos en nuestro bungaló, una cita solo para dos.
Una noche para nosotros. Para celebrar.
—Descansa, mi amor —se despide antes de volver a besar mis labios, es uno de esos besos que siempre me dejan con ganas de más.
A pesar de que estoy bastante adormilada, mi anhelo está bien despierto y tomando nota.
Es tan hombre, tan Joel, tan mío.
Entre la neblina del sueño lo veo alejarse, de espaldas a mí, tabla de surf en mano ya tengo ganas de tocarle otra vez, pero aquí se está tan bien. Y tengo tanto, tanto sueño…
Joel se sube a la tabla y, dando brazadas, se aleja de la playa buscando las olas más altas.  Él no mira hacia la playa, está totalmente concentrado en lo que hace, así vive su vida, poniendo el corazón en cada paso que da, entregándose por entero y sin reservas.
Esa es una de las razones por las que lo amo en la forma en que lo hago.
Es por eso que soy la mujer más feliz del mundo.
Es por él.
Después de un rato de andar de aquí para allá, deslizándose sobre las olas, se sienta en la tabla a descansar. Entonces nuestras miradas se encuentran y sonríe de esa forma que solo lo hace para mí.
Joel levanta la mano para saludarme y respondo de la misma manera.
Sopla el viento, trayendo consigo nuevas olas, por lo que se aleja otra vez, subiéndose a una bastante grande.
Viene, viene, viene. Hasta que algo lo empuja y cae de cabeza.
Tras unos segundos bajo la superficie, él sale y toma aire.
—¡Joel! —Grito horrorizada una y otra vez, al verlo luchando por mantenerse a flote.
Me levanto del camastro y corro hasta la playa, olvidándome de que sigo desnuda y de todo lo demás también. En lo único que puedo pensar es en Joel y en la batalla que libra a tan solo unas decenas de metros, dentro del agua.
Impotente y muerta de angustia, veo aparecer una siniestra sombra alargada, seguida de la inconfundible aleta que emerge del agua y embiste contra mi esposo con toda su fuerza.
—¡Noooooooooo! —Grito al verlo hundirse otra vez—. ¡Alguien que me ayude!
Es en vano, estamos completamente solos, no hay nadie que venga a socorrernos a ayudarle.
—¡Joel! —Chillo otra vez, implorando al cielo que por algún milagro mi esposo vuelva a mí, que no me deje.
Que viva, por favor, que viva.
Como si escuchara mis plegarias, Joel nada hacia donde me encuentro, tan rápido como puede. La aleta vuelve aparecer, justo antes de que una gran mandíbula llena de dientes embista contra sus piernas, obligándolo a hundirse otra vez.
—¡JOOOOOOOOOEL! —Lo llamo otra vez, rogando porque aparezca, porque llegue a la orilla.
Una mancha roja se extiende en las aguas que hasta ahora eran de un prístino azul. Corro unos cuantos metros, hasta que el agua me llega a las rodillas, pero mi esposo no vuelve a aparecer.
Las fuerzas se me van, desaparecen en estas aguas junto con él.
Se han ido.
—No, Joel… —Grito otra vez, cerrando los ojos—. ¡Nooooooooooo!
Mi esposo se ha ido, esa maldita bestia me lo ha arrancado aquí, justo frente a mis ojos.
—Joel —lloro desconsolada—. Joel, vuelve a mí.
—¿Tara? —Me llama alguien sacudiéndome—. Tara, nena, despierta.
—No, Joel —me niego a abrirlos, a enfrentarme a la realidad.
—Mi vida, estoy aquí —dice—. Abre los ojos.
Esa voz, su voz, me trae de regreso inmediatamente, como un lazo mágico. Ese al que algunos llaman el hilo rojo del destino.
Hago lo que me pide y lo encuentro frente a mí, mirándome con preocupación, todavía empapado.
—Oh Dios, eres tú —murmuro tocándolo—. Si eres un fantasma, pido que me atormentes toda la vida.
Eso lo hace reír, mientras mis brazos rodean su cuello, todavía sigo llorando incrédula.
—Soy yo, mi vida, estoy aquí —murmura besando mi cabello, acariciando mi espalda desnuda—. Estoy aquí, no tengas miedo.
—Pero es que… pero es que yo te vi, ese animal te atacó…
—No tengo idea de qué estás hablando —dice con una sonrisa en los labios.
Toma mi cara entre sus manos y me mira con una ternura que me reconstruye entera. Sin él solo era una sombra, una mujer rota.
—El tiburón, Joel, yo lo vi, vi cómo te atacaba… —sollozo señalando hacia el agua, que ahora se ve tan calma.
Él se vuelve a reír. De mí, por supuesto.
—Te dije que era una mala idea ver esa película anoche, pero estabas terca en ver a esa actriz que tan bien te cae.
—Ese animal te atacó y en lo único que podía pensar era en ti, en mí y en el bebé, Joel, el bebé que no conocería a su padre.
Lloro, lloro y sigo llorando, abrazada a su cuerpo, incapaz de dejarlo ir. El pánico ha pasado, pero la sensación de desasosiego sigue aquí, abatiéndome. No quiero imaginar mi vida sin él, no quiero ni pensar lo que sería de mí y de este pequeño milagro que se ha obrado en mi vientre.
—¿Bebé? —Pregunta quedándose paralizado, atónito, diría yo—. ¿Cuál bebé?
—Pues el que vamos a tener —contesto todavía ahogada en llanto.
—¿Vamos a tener un bebé? Mi amor, ¿de verdad vamos a tener un bebé?
—Sí —acepto entre lágrimas.
En menos de un segundo ya estoy de espaldas sobre el camastro, con su cuerpo cubriendo sobre el mío.
—Dímelo otra vez —me pide, entrelazando sus dedos con los míos a cada lado de mi cabeza—. Dime que vamos a tener un bebé.
Su sonrisa es tan radiante que lo borra todo, mi cielo vuelve a ser azul otra vez, vuelvo al paraíso. No, no es porque estamos en una isla preciosa, no. Mi paraíso es cualquier lugar en el que estemos juntos.
—Vamos a tener un bebé —le digo mirándolo como una lela.
Una idiota enamorada, enamoradita perdida.
—Mi vida… —susurra antes de besarme.
Mi angustia se ha ido, ahora solo queda esta alegría que le sale por los poros llenando mi cuerpo, haciéndome vibrar.
—¿Cuándo pensabas decirme? —Pregunta mientras su boca baja por mi cuello.
Comienza la tortura.
—Esta noche —confieso—. Había preparado una celebración para los dos.
—No, mi vida —murmura, su lengua rodea mi pezón que ahora está más sensible—. No hay porqué perder el tiempo, tú y yo vamos a celebrar, aquí, ahora.
Lo que dice es cierto, la vida pasa tan rápido que no hay que desperdiciar ni un momento buscando la perfección. Somos lo que somos, nos aceptamos así, vivimos así, nos amamos así.
Sin pretensiones, día a día. Con grandes gestos, con pequeños detalles.
¿Y saben qué? No lo cambiaría por nada ni por nadie.
El cuerpo de Joel invade el mío, completándome, uniéndonos.
—Sí —grito. Este es el paraíso.
Mi paraíso.
Mi Jardín del Edén. Mi cielo. Mi todo, mi amor.
Joel.

:) :( ;) :P :D :/ :x :* :O :S :| B) :w :a :)) :(( O:) 7:) 7:P X( (:| =)) I-) 2:P =DD X_X :!! :q ^_^ :ar!

8 comments:

  1. Hermoso!!!!! Graciass por este extra divino y fabuloso; muy de ti. Bella historia con unos personajes de película. Besote enorme.

    ReplyDelete
  2. Gracias Su, vos con tus pequeños detalles que para nosotros son gigantes. Y que siempre nos hace querer más.
    Te queremos.Dios te bendiga.

    ReplyDelete
  3. Muchas gracias Susana Buenisimo extra en si la novela los personajes fabulosos muchas gracias nuevamente me encanto todoooo...

    ReplyDelete
  4. Paisana!!! Qué extra más bonito!!!! ������������
    Gracias!!!! ��������

    ReplyDelete
  5. Sin duda otra de tus espectaculares parejas mi Su, me pongo de pie para aplaudirte. Amé a Joel y Tara <3

    ReplyDelete
  6. Simplemente me encanto, gracias por compartirnos un poco más de ellos.

    ReplyDelete
  7. Que bonito relato... después de sufrir tanto para poder estar juntos, el final necesitaba ésta narración, no sólo el parto. Jajajaja

    ReplyDelete
  8. Que hermoso final!!! Su
    Me deja con ganas de mas de Joel y Tara!!

    ReplyDelete